Ambos restaurantes ostentan dos estrellas Michelin, convirtiendo a esta ciudad en un destino gastronómico de clase mundial. Cuando se piensa en Río de Janeiro, es inevitable imaginar el Cristo Redentor, las playas de Copacabana e Ipanema o el ritmo inagotable de la samba. Sin embargo, desde hace algunos años la ciudad brasileña también se ha consolidado como uno de los grandes destinos gastronómicos de América Latina. Y buena parte de ese prestigio tiene nombre y apellido: Lasai y Oro, los dos restaurantes cariocas que hoy ostentan dos estrellas Michelin y que han logrado transformar ingredientes profundamente brasileños en experiencias culinarias memorables. Ambos mantuvieron su distinción en la edición 2026 de la Guía Michelin, consolidándose entre los mejores restaurantes del continente. Pero la gran pregunta es inevitable: ¿vale la pena vivir una experiencia gastronómica de este nivel durante un viaje a Río de Janeiro? La respuesta llega incluso antes del primer plato. Lasai: cuando la naturaleza brasileña se convierte en alta cocina Entrar a Lasai es dejar atrás el ruido de Río. Ubicado en el barrio de Humaitá, el restaurante sorprende por su intimidad. Apenas diez comensales comparten una misma experiencia, sentados alrededor de una cocina completamente abierta donde cada movimiento parece cuidadosamente coreografiado. La primera sensación no tiene relación con el lujo tradicional. No hay ostentación ni excesos. Todo transmite calma. De hecho, «Lasai» significa «tranquilo» en euskera, un homenaje del chef Rafa Costa e Silva a su paso por el legendario restaurante Mugaritz, en el País Vasco. Y esa tranquilidad también se refleja en la cocina. Aquí los protagonistas absolutos son los vegetales. Muchos llegan directamente desde los propios huertos del chef, cultivados de manera orgánica en Itanhangá y Vale das Videiras, siguiendo estrictamente el ritmo de las estaciones. El menú degustación cambia constantemente porque es la naturaleza quien dicta qué llegará a la mesa. Más que una sucesión de platos, la experiencia parece un recorrido por los paisajes de Brasil. Cada preparación juega con temperaturas, texturas, aromas y presentaciones que desafían cualquier expectativa. Un ingrediente aparentemente sencillo puede convertirse en el centro absoluto del espectáculo. Lo fascinante es observar cómo el equipo trabaja frente a los invitados. No existe una barrera entre cocina y comedor. Los cocineros explican, presentan y comparten la historia detrás de cada creación, haciendo que cada bocado tenga contexto y significado. El maridaje, cuidadosamente diseñado por la sommelier Maíra Freire, eleva todavía más la experiencia, con etiquetas seleccionadas para acompañar la evolución del menú. En Lasai no se trata simplemente de comer. Se trata de comprender cómo la biodiversidad brasileña puede expresarse a través de una cocina profundamente contemporánea. Oro: el fuego como protagonista de una experiencia inolvidable Si Lasai apuesta por la serenidad, Oro transmite energía. Ubicado a pocos pasos de la playa de Leblon, este elegante restaurante del chef Felipe Bronze ofrece una propuesta completamente distinta, aunque igualmente extraordinaria. Desde el primer momento queda claro que aquí el fuego no es solamente una técnica de cocción: es el corazón de toda la experiencia. El restaurante gira alrededor de una enorme cocina abierta donde brasas, humo y parrillas protagonizan un verdadero espectáculo culinario. La sincronía entre Felipe Bronze y la reconocida sommelier Cecilia Aldaz se percibe desde los primeros minutos. Todo parece funcionar con precisión absoluta, desde el servicio hasta el ritmo con que aparecen los platos. Oro ofrece dos recorridos gastronómicos: Afetividade y Criatividade, ambos inspirados en distintas regiones de Brasil y construidos sobre una idea común: reinterpretar la cocina brasileña utilizando técnicas contemporáneas sin perder su identidad. Los primeros bocados ya anticipan lo que vendrá. Ostras acompañadas por un delicado granizado de guayaba y un leve toque de pimienta biquinho, pequeños snacks para comer con las manos que mezclan influencias japonesas con sabores brasileños y preparaciones donde cada ingrediente parece reinventarse completamente. Aunque la creatividad está presente en cada plato, nunca resulta pretenciosa. Existe un equilibrio admirable entre técnica y sabor. Cada elaboración sorprende visualmente, pero sobre todo conquista por su profundidad gastronómica. Para quienes logran reservar uno de los exclusivos asientos frente a la cocina, la experiencia adquiere una dimensión adicional: observar el trabajo de los chefs sobre las brasas convierte la cena en un verdadero espectáculo en vivo. Dos restaurantes, dos filosofías, un mismo objetivo Lo más interesante de visitar Lasai y Oro durante un mismo viaje es descubrir que representan dos formas completamente diferentes de entender la alta cocina brasileña. Lasai emociona desde la sutileza, el producto y la conexión con la tierra. Oro deslumbra a través del fuego, la creatividad y la intensidad de los sabores. Ambos comparten, sin embargo, una misma convicción: demostrar que Brasil posee una identidad gastronómica propia, capaz de competir al más alto nivel internacional. Una experiencia que va mucho más allá del lujo Es fácil pensar que un restaurante con dos estrellas Michelin está reservado únicamente para expertos gastronómicos, pero la realidad es bastante distinta. Comer en Lasai u Oro no consiste únicamente en degustar platos sofisticados. Significa descubrir una parte diferente de Río de Janeiro, una ciudad donde la riqueza cultural también se expresa a través de ingredientes locales, productores artesanales, biodiversidad y creatividad. Quienes viajan buscando experiencias memorables encontrarán aquí uno de los mejores recuerdos que pueden llevarse de Brasil. Porque mientras millones de turistas regresan hablando del Pan de Azúcar o de las playas cariocas, quienes se sientan en una de estas mesas vuelven contando historias sobre un tomate que parecía imposible, un pescado cocinado sobre brasas perfectas o un menú capaz de resumir, en apenas unas horas, la inmensa diversidad gastronómica brasileña. Y eso, probablemente, sea el mayor lujo que puede ofrecer un destino. 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