zona desmilitarizada de coreas

Un tour que se ha vuelto muy popular entre quienes visitan Seúl y que suma una gran cantidad de videos en youtubers que han vivido la experiencia. Pero, ¿realmente vale la pena?


Pocas excursiones generan tanta curiosidad entre los viajeros como visitar la Zona Desmilitarizada entre Corea del Sur y Corea del Norte. A menos de una hora de Seúl, existe uno de los lugares más tensos -y al mismo tiempo más turísticos- del planeta: la famosa DMZ (Demilitarized Zone), la franja que divide a ambas Coreas desde el fin de la Guerra de Corea, en 1953.

La experiencia mezcla historia, tensión política, propaganda, silencio militar y turismo organizado. Y sí: vale completamente la pena. Además, lejos de lo que algunos creadores de contenido han intentado transmitir, es un tour muy seguro.

Todo comienza muy temprano, en Seúl

La mayoría de los tours que van a la DMZ salen entre las 6:30 y 8:00 de la mañana, desde distintos puntos de Seúl. El trayecto hacia el norte toma alrededor de una hora, aunque todo depende del tráfico y de las restricciones militares del día.

Desde el inicio se siente distinto a cualquier otro tour. El guía suele pedir pasaporte obligatorio, explica protocolos de seguridad y recuerda constantemente que se está entrando a una zona militar activa. En las carreteras aparecen puestos de control, alambradas y vigilancia permanente.

La sensación es extraña: estás viajando hacia una de las fronteras más peligrosas del mundo… en un bus lleno de turistas tomando café y sacando fotos (menos en el momento del control, donde efectivos militares suben a él a revisar los pasaportes de todos; sin excepción).

¿Qué se visita realmente en el tour a la DMZ?

Claramente, la frontera entre Corea del Sur y Corea del Norte es atípica. No se trata de un límite tradicional, sino que es una enorme franja -de 250 kilómetros de largo y 4 kilómetros de ancho- que fue establecida por un armisticio tras la Guerra de Corea, manteniendo a ambos países técnicamente en guerra. Este territorio, a pesar de su nombre, es uno de los más militarizados del mundo y está repleto de simbolismos.

Aunque existen varias versiones del recorrido, la mayoría de los tours incluye cuatro lugares clave.

1. El Tercer Túnel de Infiltración

Probablemente el punto más impactante de toda la visita. Descubierto en 1978, este túnel fue excavado por Corea del Norte y, según las autoridades surcoreanas, estaba diseñado para infiltrar tropas en el sur.

Bajar al túnel es una experiencia intensa. El descenso es empinado, húmedo y bastante estrecho. Hay sectores donde, incluso personas de estatura promedio, deben agacharse para avanzar. De hecho, si se sufre de claustrofobia, problemas de respiración o hipertensión, se recomienda no entrar y quedarse fuera tomándose un café, mientras se espera la siguiente parada.

2. Observatorio Dora

Desde este mirador, con binoculares instalados frente a enormes ventanales, se puede observar territorio norcoreano. Dependiendo del clima, se alcanzan a distinguir pueblos, propaganda política e incluso la gigantesca bandera de Corea del Norte flameando a lo lejos.

Hay algo profundamente inquietante en mirar un país tan cerrado, desde tan cerca. Todo se siente silencioso, distante y extremadamente controlado.

Anteriormente se permitía a los turistas fotografiar hacia Corea del Norte; cosa que hace un tiempo cambió y ahora sólo se puede observar.

3. Estación Dorasan

Esta estación ferroviaria simboliza la esperanza de una futura reunificación. Aunque actualmente no opera como conexión internacional estable, fue construida con la idea de que algún día los trenes puedan viajar desde Corea del Sur hacia Pyongyang, China y Europa.

La frase más fotografiada del lugar resume perfectamente el espíritu del sitio: “Not the last station from the South, but the first station toward the North”.

4. Joint Security Area

No todos los tours la incluyen, ya que depende de la situación política y militar del momento. De hecho, está cerrada al público desde julio de 2023 y sin fecha de reapertura. Pero cuando está disponible, es el punto más emblemático de la frontera.

Aquí se encuentran las famosas casetas azules, donde soldados de ambos países permanecen vigilándose cara a cara. Es el lugar exacto donde técnicamente se cruzan ambas Coreas y donde ocurrió el histórico apretón de manos de los presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong-un, en junio de 2019.

En este lugar la tensión se siente real. Incluso con turistas alrededor, el ambiente es rígido y extremadamente protocolar.

Una experiencia más emocional de lo esperado

Más allá del componente histórico, lo que sorprende de la DMZ es la carga emocional que transmite el recorrido.

El guía suele compartir historias de familias separadas por décadas, intentos de reunificación y episodios del conflicto coreano que siguen marcando a millones de personas hasta hoy.

Para muchos viajeros, el tour deja de ser una simple curiosidad y se convierte en una reflexión sobre división política, guerra y memoria histórica.

¿Vale la pena hacer este tour?

Sí, absolutamente.

No es una excursión tradicional: no hay paisajes paradisíacos ni experiencias relajadas. Pero justamente ahí está su valor.

La DMZ ofrece algo poco común en los viajes modernos: una experiencia auténticamente impactante, difícil de comparar con cualquier otro destino del mundo.

Además, el recorrido está muy bien organizado, es sencillo de hacer desde Seúl y permite comprender mucho mejor la realidad coreana actual.

Eso sí: conviene ir con las expectativas correctas. No es un parque temático militar ni una aventura extrema. Es un lugar cargado de simbolismo, tensión política y memoria histórica. Y probablemente por eso mismo termina siendo una de las experiencias más memorables que se pueden vivir en Corea del Sur.

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